19 de Enero de 2018.

A los 20 años, Paco Savio, inició una maratónica carrera por las agencias de publicidad más prestigiosas: Lautrec S&S, Dreyfus, JWT y Ogilvy & Mather. Vivió en España y actualmente pasa la mayor parte del año en Suiza. Su espíritu nómade no le permite estar quieto, aunque su amor por Buenos Aires es irremplazable. Se reconoce como un “provocador”: su trabajo busca potenciar la identidad de marcas y proyectos a través de formas, conceptos y acciones que generan sus propias reglas, yendo a contramano de la comunicación tradicional. ¿Sus herramientas para que explote? La observación, el couching, la creatividad y el juego.

El mundo Paco parece estar repleto de todo. ¿Cómo lo definirías?

Me interesa mucho la mezcla de disciplinas, de profesiones, de oficios, de materiales, de colores, de estilos. Me interesa combinar, vincular, articular. Me interesa salir del cuadrado, pensar out of the box. Me inspiran mucho las ciudades y todas las movidas urbanas, las tribus y cómo todo de una manera se refleja en la calle.

¿En qué barrio creciste?

Cuando nací vivíamos en San Telmo pero a los seis meses nos fuimos a Mar del Plata. Mis papás se hicieron cargo de un hotel que estaba la mitad del año abierto y la otra cerrado. Vivíamos ahí adentro. Yo ayudaba en todo: recibía a le gente, atendía, hablaba con turistas que venían de todos lados. A los 13 años volvimos a Buenos Aires.

Vivís afuera la mayor parte del año. ¿Cómo es tu relación con Buenos Aires?

Fui mi primera urbe, en donde empecé a caminar solo, a meterme y ver qué estaba pasando. Me acuerdo que pasa siempre por la Galería del Este: en ese momento estaba BORGES con sus amigos. Había un local de música que se llama “El Agujerito”. En esa época no teníamos Internet y la información había que salir a buscarla.

¿Cuáles eran tus hobbies en esos años adolescentes?

Me gustaba salir de joda, navegar, leer, ir al cine y al teatro. Siempre me gustó tener información: la curiosidad se me fue imponiendo. Siempre hacemos como carreras para ver si yo le gano a la curiosidad o si la curiosidad me gana a mí (risas).

¿Pero ya te imaginabas que ibas a ser lo que sos hoy?

No. Tuve un par de consultas con una asistente vocacional y enseguida saltó lo de la publicidad. Me gustaba escribir: a los 20 empecé a estudiar guión de cine con SIMÓN FELDMAN y me puse a ver qué estaba pasando en los museos y en las galerías. Laburé mucho en agencias, armé un buen portfolio y a los 24 me fui a España. Después trabajé con ALAN FAENA en las campañas de Via Vai y volví de Barcelona para trabajar con él en el desarrollo del hotel en Puerto Madero.

¿Y en qué momento surge Remolino?

En 2004. Fundamos la agencia con GABY BRENNER. Ahora están NICO KLATNIEV, MARIANO BONACORSI y FER GARCÍA PORCEL manejando a todo el equipo y yo, haciendo quilombo y generando proyectos por afuera. Desde hace cinco años vivo en Suiza pero fui desarrollando proyectos en los que me fui quedando como socio: en Buenos Aires hicimos Ninina y Camping, y en Zúrich el gimnasio Balvoa.

Que es un hit. ¿Cómo surgió la idea?

Me vino a ver una persona que quería poner un box de crossfit. Le dije: “Mirá, el crossfit tiene fecha de vencimiento”. Propuse un espacio distinto, más boutique, que en lugar de ofrecer una sola disciplina tuviera opciones desde yoga hasta boxeo, y que además de trabajar indoor, tuviera el outdoor, como salir a andar en kayak en un lago.

¿Qué diferencias encontrás en el modo de pensar una marca allá y acá?

Es parte del juego que se da: cruzar culturas, fronteras, banderas, colores y personalidades en esta cosa tan antagónica y extrema que existe entre Suiza y Argentina. Igual uno sigue teniendo su corazón y su pasión y tratando de imprimirla un poco en los suizos, que son más fríos y precios. Generalmente a los proyectos le meto un poco toda esa locura.

¿Qué es hoy la publicidad para vos?

Una mala palabra. Es algo muy de supermercado. Yo creo en diálogos más auténticos, de uno a uno. En los que suceden en las redes, en donde la marca es la que emite y no es a través del poder de un medio. Y me parece que lo que pega es la autenticidad, el concepto y tener las cosas claras. La publicidad para mí ya está muerta: dependés de una chica linda, de un chico lindo, de un auto. Son como promesas que no existen. En cambio, cuando comunicás genuinamente, aprovechás un contenido que les es propio a la marca: es real. Yo las ayudo con el producto y el contenido: lo demás es como un juego.

Vos coucheás a otros. ¿Alguien te couchea a vos?

Sí. Aprendo mucho de los proyectos. Yo doy, pero también recibo mucho. Es energía. No me pongo en el lugar de celebrity. Por ejemplo, siento que esta entrevista la armamos entre todos: si bien estamos hablando de mí, aprendí cosas de ustedes. Lo importante en el coucheo es que te hagan pensar. “Los errores te hacen pensar mucho: son un gran maestro.

¿Para qué marcas estás trabajando ahora?

Para Posco, la marca argentina de zapatos. Para Maurice de Mauriac, una marca suiza de relojes: a ellos los ayudo, como embajador o usuario, a generar nomadismo con fotos de mis viajess. A donde voy, saco una foto con el reloj y se arman crónicas de viajes: es el producto en acción. También estoy trabajando en el Impact Hub de Tigre, un proyecto de coworking que está en más de 100 ciudades en el mundo. Es una aceleradora para emprendedores a los que se les da espacio de trabajo, pero también los ayuda a levantar vuelo e impulsar.

¿Qué te piden cuando te buscan?

Me buscan para hacer quilombo. Un quilombo que después traspasa la frontera.

Fuente: Revista Estilo Propio www.revistaestilopropio.com.
Imágenes cortesía de: Ph. Damián Liviciche www.remolino.org.
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