Aunque ya hace 25 años que no pasan por esas vías, el enérgico espíritu de los trenes de carga sigue presente en una de las maravillas urbanas mejor logradas: el High Line Park de Nueva York resignificó y puso al servicio de la comunidad y de los visitantes 2,3 km de la histórica línea férrea que corre sobre las calles del West Side de Manhattan. El parque invita a un paseo urbano a través de 18 sectores bien diferenciados que ponen en escena a las vías como testigos del pasado industrial de la zona, integran la naturaleza y ofrecen magníficas vistas de la ciudad.

El traqueteo reiniciado

El High Line Park fue fundado en 1999 por algunos miembros de la comunidad y es actualmente mantenido y operado por la organización sin fines de lucro Friends of the High Line. Sus colaboradores asumieron el compromiso de transformar las históricas vías de Nueva York y de inspirar nuevas formas de pensar las ciudades y los espacios públicos. Para ello convocaron a una competencia internacional de diseño de la cual resultaron elegidos tres equipos: James Corner Field Operations estuvo a cargo del paisajismo, el estudio Diller Scofidio + Renfro desarrolló el proyecto de arquitectura y el danés PIET OUDOLF diseñó los jardines.

Sucesión de espacios

Ese aporte multidisciplinario dio como resultado una secuencia de espacios variados que se elevan 9 metros sobre el nivel de la calle. La transición entre el ajetreo callejero y la tranquilidad del parque se logra de manera gradual gracias a las escaleras de Gansevoort Street. Allí arriba, un imponente balcón se asienta sobre el lugar donde la línea férrea fue cortada en 1990, cuando se demolió toda la estructura al sur de ese punto. Bautizado como el Mirador de la Fundación Tiffany & Co., este spot ofrece vistas de la moderna zona de Meatpacking District al este y del río Hudson al oeste.

A partir de allí, el bosque Gansevoort se vuelve una paleta en donde el magenta, el blanco y el azul cautivan la mirada de los visitantes a través sus ejemplares de abedul gris y guillomo, sus flores de amsonia y sus árboles de Judas. Hacia el norte se levantan los pastizales de Washington, entre las calles Little West 12 y 13, la zona más ancha del High Line Park. A esta altura el camino pasa por debajo del hotel The Standard, construido por encima de las antiguas vías del tren.

Además del aporte de la vegetación y los miradores, el atractivo del paseo está dado por espacios como el solarium Diller – von Furstenberg y la plaza Tenth Avenue. El primero se presenta como el mejor lugar del recorrido para admirar la puesta del sol sobre el río Hudson: los diseñadores colocaron allí singulares reposeras que ruedan sobre las vías férreas, así como un sistema de agua que humedece parte del sendero y permite a los visitantes refrescarse los pies. El otro espacio, la plaza Tenth Avenue es una especie de anfiteatro creado por cientos de toneladas de acero y enormes escalones de madera. Quizás allí sentado, cerca de un bosque de arces rojos y observando a lo lejos la Estatua de la Libertad, pueda uno evocar el silbido del tren.

Imágenes cortesía de www.thehighline.org

FICHA TÉCNICA
Estudio: Diller Scofidio + Renfro
Proyecto: High Line Park
Ubicación: Manhattan, Nueva York (Estados Unidos)
Superficie:
Año: 2010
Web: www.dsrny.com

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