25 de septiembre de 2017.

Gustavo Yankelevich es uno de los creadores de Modo Casa, una de las tiendas de mobiliario más exclusivas del país. En 2008, Máximo Ferraro se incorporó al equipo de la empresa familiar y en 2012 ambos crearon el estudio de interiorismo Modo Casa, su laboratorio creativo. Desde su tienda en Puerto Madero, charlaron con ESTILO PROPIO sobre sus inicios, la importancia del equipo creativo y la dosis de locura y obsesión que exige el diseño.

¿Cómo se conocieron?

GY: Maxi estaba recién recibido de diseñador de interiores y buscando trabajo en un lugar que tuviera que ver con eso.

MF: Cuando terminé de estudiar, me di cuenta de que quería diseñar muebles, entonces me acerqué a Modo Casa. La primera entrevista me la hizo Gustavo.

¿Qué te convenció para que le dieras el sí?

GY: Me encontré con una persona que pensaba parecido a mí. Me gustaba su forma de hablar y lo que transmitía en su discurso. Al principio no trabajábamos juntos pero teníamos mucho en común: crear, proyectar, volar, generar nuevas situaciones, modificar el local.

MF: El intercambio era muy bueno, fluíamos, nos potenciábamos.

Ya pasaron 10 años desde ese primer encuentro. ¿Hacia dónde evolucionó la forma de pensar y hacer diseño de la marca?

GY: Lo que más cambió fue el trabajo en equipo: fortaleció a la empresa, que venía con sus formas y el mandato familiar. Lo que agradezco es que dentro de ese mandato siempre tuve la libertad para manejarme como yo quería: no quería vivir dentro de la burbuja. Fui una punta de lanza para que fuera así, pero la transformación se sella cuando empezamos a trabajar juntos: cada uno desde su área tenía una necesidad simbiótica de trabajar de manera integral.

MF: Sí, cada uno necesitaba del otro para potenciarse. Fuimos encontrando los espacios para desarrollar lo que queríamos, que era lo mismo.

¿Y qué ingrediente propio y único aporta cada uno?

GY: Somos muy metódicos los dos, pero también muy efervescentes. Tenemos momentos de mucha cordura y otros de locura. Lo más importante es lo genuino: no competimos entre nosotros porque sabemos que la mística está en el equipo.

MF: Lo que hacemos es imposible sin el otro. Al pasar tanto tiempo juntos, las ideas fluyen porque un disparador que tiene uno es potenciado por el otro.

GY: Nos cebamos mucho. De repente, a las 10 de la noche, uno vio algo que le gustó y se lo pasa al otro y al día siguiente empieza la sinergia. Somos muy apasionados de lo que hacemos.

¿Cómo es un día en su vida?

GY: A veces sentimos que tenemos tres trabajos distintos durante el día: a la mañana manejamos toda el área de producción; después tenemos reuniones con clientes del estudio y más tarde vamos a las tiendas. El día termina siendo un poco explosivo.

MF: Son 15 horas por día que le dedicamos a esto a fondo.

¿Cómo funcionan todos esos ciclos?

MF: Con 15 horas diarias (risas).

GY: Los dos separamos, el trabajo del estudio del de Modo Casa. Todo pertenece al mismo sistema pero tenemos en claro que el estudio tiene una energía para proyectar cosas nuevas, es nuestro lugar experimental. Con la empresa somos más metódicos: tenemos una rutina, hay objetivos para cumplir y mucha gente que mantener.

MF: La parte más compleja es fomentar el trabajo en equipo, ver cómo están funcionando las áreas, analizar los procesos y rendimientos. Creemos en fomentar la creatividad y el crecimiento de los diseñadores que trabajan con nosotros.

¿Se involucran en todo el proceso de armado de colecciones o delegan mucho?

GY: El concepto nace con nosotros: es la parte más importante.

MF: Sigue siendo el gen de lo que representa Modo Casa. En una época diseñábamos hasta el último detalle, hoy tenemos que estar pendientes de otras cosas, pero seguimos marcamos la dirección de Modo Casa.

Hicieron un camino inverso a muchos otros diseñadores: crearon el estudio después de consolidar el producto.

GY: Nace por la necesidad de completar lo que la gente nos estaba pidiendo: terminábamos haciendo asesoramiento durante la venta del producto. Era en donde más nos divertíamos, pero tiene que ver con la madurez también. Nos fuimos probando como equipo, primero tímidamente con las exposiciones: Estilo Pilar 2012 fue un poco la bisagra.

¿Se sienten más cómodos en el rol del diseñador que en el del empresario?

MF: Absolutamente. A veces nuestro mal humor cotidiano tiene que ver con lidiar con todo lo que uno tiene que lidiar si quiere tener una empresa más grande y hacer cosas más ambiciosas.

GY: En este país, no podés ser sólo diseñador. Tenés que ser empresario, saber venderte y armar una infraestructura. A veces lidiar con todo eso te saca la cosa arrabalera de decir “vamos para adelante sin importar la que se venga”. En 2013 hicimos Casa FOA por primera vez y una exposición en la tienda de Palermo que se llamó “Inspira”, una pegada a la otra: fue una inconsciencia, no sé si hoy tendríamos la energía para repetirlo.

¿Esos obstáculos con los que lidian, no fueron el combustible para hacer un diseño distinto?

GY: Sí, tiene que ver con eso. No somos más genios que otros, pero tenemos un talento natural y en nuestro camino fuimos encontrando herramientas para poder ser distintos y ofrecer algo distinto. Y eso lo adquirimos trabajando en áreas diferentes, haciendo cosas que quizás no estaban tan buenas.

MF: Es la autogestión: en vez quedarte en el escritorio, tenés que pensar cómo se generan estructuras, cómo se forman equipos, cómo se gestiona, cómo se desarrolla. Casi todos los diseñadores que conocemos nacieron de la autogestión: se convirtieron en empresarios cuando quisieron dar un paso más o tener éxito. Nosotros como diseñadores pensamos que nada es imposible y quebramos los límites todo el tiempo.

¿Cómo le transmiten eso al equipo?

GY: Aprendimos a detectar los componentes de un equipo, los ingredientes que se complementan.

MF: Buscamos personalidades parecidas a las nuestras: que estén un poco locos. El diseño no es un trabajo para cualquiera: no son 8 horas por día. Se transforma en una obsesión.

GY: El que lo ve como un trabajo de oficina, con nosotros tiene fecha de vencimiento.

¿Qué cosas conservaron de aquel primer formato de Modo Casa como empresa familiar?

GY: Mis planillas manuales (risas).

MF: Lo que sigue siendo igual es que estamos en todos lados: no nos convertimos en estrellas. Estamos en todos los procesos. La mística familiar no se pierde, es una forma de llevar adelante las cosas.

¿Cómo es el perfil del cliente que los busca para diseñar su casa?

MF: Tienen un grado de obsesión con el diseño. Casi todos están buscando vivir en un lugar que todavía no saben cómo es, pero se lo imaginan de alguna forma. Nosotros tratamos de potenciar esa imagen que el cliente tiene en su cabeza. Somos muy buenos descubriéndola y la llevamos a la realidad. Tenemos mucho público masculino: les gusta el diseño, vivir bien, tener su espacio.

GY: El cliente se termina entregando de una forma total porque terminamos tomando el proyecto como propio y después se los entregamos. Eso los clientes lo perciben y lo agradecen: disfrutan de las reuniones de proyecto.

¿Y cómo es la respuesta al entregar el proyecto?

GY: El cliente se sorprende. Quizás trazamos en quince días una obra integral y transformamos la casa de 0 a 100, de punta a punta: la gente queda impactada.

La innovación es uno de las banderas de Modo Casa. ¿Cómo convive con su perfil más tradicional?

MF: Tenemos una imagen tradicional pero buscamos la innovación en el uso del material y en su aplicación. La tecnología es interesante porque otorga confort a la vivienda, pero en el mueble creemos que lo tradicional con una mirada novedosa tiene más vivencia o es más atemporal que algo plenamente de moda. Cuando pensamos un mueble, pensamos en la pieza a largo plazo.

GY: Apostamos a un diseño atemporal y trabajamos bajo esa premisa: no hacemos espacios demasiado sofisticados sino que sean amables y cálidos para el uso. Si bien hay tendencias y cosas que se usan más que otras, apostamos por casas y espacios que trasciendan como un clásico.

¿Sienten una responsabilidad como diseñadores más allá de la marca y al estudio?

MF: Absolutamente. Siempre estamos pensando en cómo hacer para que en la Argentina y Latinoamérica el diseño trascienda de otra forma: no como bien de consumo sino como transformación cultural. Que el mensaje del diseño supere las fronteras del que lo puede pagar.

GY: Es un desafío. El diseño atraviesa de punta a punta todos los sentidos. Nuestra preocupación es pensar cómo hacer para que la persona que no puede comprar en una tienda como la nuestra, pueda ir a un hospital que esté bien diseñado o mandar a su hijo a una escuela pública que esté bien pensada.

MF: Creemos que tenemos la obligación de transmitir un mensaje que sea inspirador y esperanzador. Los que creamos y pensamos que todo se puede hacer mejor, vivimos con ese conflicto constante: no nos gusta lo que vemos.

¿Cuál es el sonido de Modo Casa?

GY: Es como en las películas en el momento que va a explotar todo. Creemos que el diseño es una música que tiene que emocionar.

MF: Es una marcha: algo que va generando un movimiento. Te va emocionando y despierta pasión. Son proyectos personales, ambiciones, que creemos que van a quedar: nuestro legado.

Ph: Damián Liviciche – www.flickr.com/photos/d-liv.
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